Mujeres en cadena

miércoles, 12 de octubre de 2011

«La autoridad no se tiene por ser padre, hay que ganársela»

Los adultos y los niños nos comportamos en función de lo que sentimos y qué necesitamos... Ser padre no es tarea fácil y ser hijo tampoco... respetar a nuestros hijos, marcar los límites claros desde la comprensión evitando el cachete de turno, porque hemos perdido el control... escuchar las emociones de nuestros hijos y empatizar con ellos... hace que nos ganemos ganemos la autoridad que no es lo mismo que autoritarismo...


Dedicamos años a formarnos profesionalmente, pero nadie nos enseña a ser padres. «Por eso tenemos que ser comprensivos y recordar que estamos haciéndolo lo mejor que podemos», a pesar de la sensación de mala madre o padre que se pueda tener ocasionalmente. La psicopedagoga zestoarra Nerea Mendizabal hablará hoy sobre cómo construir la relación desde el corazón, evitando chantajes, amenazas y castigos, en la X Jornada de Lactancia Materna que se celebra en Donostia.


-¿Cómo se enseña a un niño lo que está bien y mal?

- Partir de la idea del bien y del mal, de lo correcto y de lo incorrecto, o de quién tiene la razón, el niño o yo, supone poner un primer obstáculo en la relación, porque nos posicionamos como jueces. Yo parto de la idea de que los niños están aprendiendo a ser hijos, a ser personas; y que nosotros como padres también, con la diferencia de que como adulto tengo más años y nadie al lado cuestionándome, amenazándome o evaluando mi función paterna. El objetivo para los padres puede pasar por explicar que ciertas conductas producen malestar, porque en ese momento mis necesidades no están siendo tenidas en cuenta. Si nos fijamos, una misma conducta en un momento no me altera y en otras sí.

- ¿Como cuándo?

- Ocurre mucho con las fuentes. En verano no nos importa que los hijos se mojen, pero en invierno sí. Y ellos mantienen la misma conducta en las dos estaciones: se mojan y disfrutan con el agua porque es un placer. Entonces hay que hablarles desde nuestra necesidad, o nuestras inseguridades, diciendo: «En este momento no estoy segura de que tu salud esté garantizada si haces esto», y no ponerse en la actitud de «es que si le dejo ahora, en invierno también va a querer. Pues nada, entonces nunca». A los niños hay que ponerles límites, pero partiendo de que como padre lo que quiero es que entienda que es importante que cumpla lo que le estoy explicando, frente a posiciones como «eres un niño malo porque te estás mojando».

- Entonces, ¿cómo podemos lograr que un niño nos haga caso?

- En ocasiones se suele recurrir a la amenaza, al castigo, al miedo... Pero si nos fijamos en el día a día vemos que todo esto no nos asegura conseguir lo que queremos y, si lo logramos, la relación paga un precio. ¿Cómo llevaríamos, como adulto, que alguien me de lo que le pido a través de amenazas y castigos?

- Entonces, ¿qué hacemos?

- Si con la amenaza, el castigo y el miedo no nos aseguramos una conexión con los niños, se puede partir desde la comprensión, intentando saber por qué el niño quiere hacer esto cuando le estoy pidiendo que haga lo contrario. Es cierto que la comprensión tampoco nos asegura nada, pero no tengo duda de que va a ser más fácil. Si alguien se pone en mi lugar, trata de entenderme y me explica 'oye, sé que esto te está costando, pero para mí es importante', seguro que me puedo acercar más a esa persona.

Padre y no amigo

- ¿Cuál es la medida idónea de autoridad y flexibilidad para criar a un hijo?

- Se ha pasado del autoritarismo a la permisividad. Y ni uno ni lo otro. Una cosa es el autoritarismo y otra la autoridad, que no se gana por el hecho de ser padre. La autoridad del médico, de un medio de comunicación, etc. no se gana por tener un título, sino que hay que ganárselo trabajando. La autoridad como padre hay que ganársela también. Cuando el niño ve que es importante para sus padres, que es valorado, que se tienen en cuenta sus necesidades, no solo las alimenticias o higiénicas, sino también las emocionales, que le comprenden, es respetado en su ritmo en todos los aspectos... Todo eso va a hacer que otorgue la autoridad a sus padres. Y a partir de ahí se ponen límites y se negocia, pero sin que autoridad suponga autoritarismo.

- ¿Qué riesgo entraña pasar de ser padre a amigo de los hijos?

- Esto viene del 'yo no voy a repetir con mis hijos lo que mis padres han hecho conmigo'. Recuerdo una viñeta muy buena de Mafalda. Su padre le decía que había pesando que, en adelante, se iba a convertir en colega suyo. Y ella respondía: 'Vaya, tengo un amigo más y he perdido al único padre que tenía'. Yo no comparto la opción de ejercer de padre olvidando ser padre y convirtiéndose en amigo, porque los niños sí que necesitan límites y referencias, de lo contrario se sienten perdidos, y esto es tan malo o peor que el autoritarismo rígido.

- ¿Qué le parecen programas tipo 'Supernanny'?

- No los veo pero sé por dónde van. Están basados en enseñar a cambiar el comportamiento a través de métodos conductistas, con los cuales el niño aprende a comportarse como sus padres quieren por un premio o porque es castigado. Yo no quiero que mis hijos hagan esto por conseguir un premio o evitar un castigo, porque cuando no tengan el premio no lo van a hacer. El comportamiento de los niños y adultos está relacionado en cómo me siento y qué necesito. Tenemos que buscar la causa, ir a la razón. ¿Qué pasa con este niño para que se comporte de esta manera? ¿Qué necesita para que su estar, su manera de sentir sea otro? Porque un niño que se siente bien, relajado y contento va a tener comportamientos adecuados y más deseables.

- Entonces no será muy favorable al 'sillón de pensar'...

- Leí en este periódico al pediatra Carlos González decir que el sillón de pensar y el cuarto oscuro son la misma cosa. Estamos disfrazándolo, convirtiéndolo en algo más bonito desde el sentido pedagógico, pero muchas veces lo enfocamos como castigo. Cuando cometo errores como madre, ¿alguien me manda al sillón de pensar? Y luego está lo que los niños piensan en el sillón de pensar...

- ¿Y qué elucubran?

- Rosa Jové recoge en un libro lo que le sucedió a una amiga mía. Su hijo anduvo en el colegio jugando con barro con sus amigos y al finalizar la profesora les dijo que limpiaran el aula. No lo cumplieron y les envió al 'txoko de pensar'. «¿Y qué has pensado?», le preguntó su madre. «Que no tengo que jugar más con mis amigos», le respondió. ¿Es a este tipo de reflexiones a las que queremos llegar? No es cuestión de decir que está mal, pero creo que al sillón de pensar se le puede dar otra utilidad si nos sirviera a todos para aprender y tomar un rato para reflexionar sobre lo que sentimos, ver cómo nuestras actitudes afectan a los demás...

- El eterno debate: ¿cachete sí o no?

- Cuando una persona tiene ganas de darle un cachete a su hijo se trata de situaciones en las que está desesperada, muy furiosa y ya no puede más. Si no se para a pensar y da ese cachete por un impulso, ¿qué mensaje le llega al niño? Pues que en situaciones que crispan a sus padres estos se permiten dar un cachete, gritar o dar un portazo, él también puede hacerlo. Y el otro mensaje que les llega es que si como madre, padre o profesor estoy encima de ti y puedo hacer esto porque estás por debajo, cuando el niño se sienta furioso y en posición de superioridad respecto a sus hermanos menores o niños más pequeños puede hacer lo mismo. Hay que tomar conciencia del cachete como una reacción impulsiva en una situación que no se ha sabido gestionar, pero no como una manera de enseñar a comportarse y disfrazarlo con frases como 'es que el niño tiene que aprender, porque de lo contrario'...
 
Entrevista en Diario Vasco

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